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¿Por qué debo adorar a Dios?

La razón es: ¿Agradecimiento o necesidad de aprobación?

A veces creemos que la adoración es una simple forma de retribuir aquello que Dios hizo, hace y seguirá haciendo por nosotros. Esto es un error muy común que cometemos entre los cristianos, porque no diferenciamos debidamente la delgada línea que existe entre las acciones que realizamos por agradecimiento y aquellas que satisfacen nuestra necesidad de aprobación.

Así que, nos convertimos en desarrolladores de diferentes formas para “adorar” tales como la música, el activismo eclesial, labores sociales, un poco de altruismo, donde todo esto puede convertirse en una motivación errada y a la postre ser un cúmulo de capas o máscaras que ocultan quiénes somos realmente.

No se trata de no hacer obras que agraden a Dios, sino que nuestro corazón sea limpiado día tras día, para que estas buenas acciones no sean sólo una muestra superficial de búsqueda de aprobación, sino todo lo contrario, aceptando que Dios ya nos ha aprobado y comprendamos que somos libres para adorarlo por el magnifico hecho de ser quien es Él.

La razón es: ¿Un aliciente para calmar nuestras conciencias?

Otras veces es el aliciente para calmar nuestras conciencias, cuando el Espíritu Santo nos dice que estamos pecando contra Dios. En medio del dolor que nos provoca cuando le fallamos a nuestro Señor y Padre, recuerda que la gracia sobreabunda en tu vida. Muchas veces comenzamos hasta dudar si somos hijos de Dios, porque es precisamente la duda que el enemigo siempre ha querido inculcar en los corazones del ser humano, tanto así, que intentó crearla en Cristo cuando lo tentó en el desierto y desviar la adoración que le corresponde a Dios, hacia él (Mateo 4:8-11).

Ahora bien, es importante aclarar que las crisis y el dolor son producto de un corazón regenerado, ¿Cómo es esto posible? Necesariamente los corazones que han sido regenerados por el Espíritu Santo, son lo que sienten la dolorosa agonía del pecado. Y son estos momentos de dolor, los que te paran frente a la encrucijada de desistir o adorar.

Por esto el salmista dice: “El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado; tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh Dios.”. (Salmo 51:16-17). David entendía a plenitud que más allá de cualquier forma o activismo que simulara la “falsa adoración” Dios busca simplemente un corazón que esté quebrantado delante de la presencia de nuestro Padre. También se puede notar que el salmista propone que no existen acciones de sacrificio y adoración por separadas, sino que el sacrificio en sí mismo es quebrantar el corazón delante del trono de la gracia.

Pero… ¿Adorar si ayuda y es bueno para mi ser?

Claro que es bueno para nosotros e insisto, no está mal buscar a Dios en medio de las crisis, el dolor, o cuando pecamos, pero debemos crecer en nuestra relación con Él y comenzar a adorar a Dios por quien es Él, más que por lo que Él hace por nosotros, porque es probable, que de no ser así, nuestra búsqueda de su presencia sólo será cuando lo necesitemos para que nos resuelva la vida.

¿Será posible adorar con todo mi corazón?

La adoración no es una acción meramente física o emocional o racional, sino que agrupa el ser completo. Adorar significa, dedicarse a una vida de obediencia a aquel que Reina por siempre y está sentado en el trono. La adoración en Espíritu y Verdad (Juan 4:23-24) implica; un nuevo nacimiento (Juan 3) amar a Dios con todo el ser (Mateo 22:37-39), pero te pregunto ¿Existe alguien que pueda adorar con todo su ser?, la respuesta es que humanamente es imposible. Por esto. para la correcta adoración es necesario un MEDIADOR. Jesús es nuestro mediador perfecto y el Espíritu Santo es quién nos capacita para comprender y descansar en esta gran verdad, pídele para que puedas apropiarte de esto.

La verdadera razón es: DIOS ESTÁ EN SU TRONO

La adoración debe entonces llevarse a la práctica, con acciones que procuran la obediencia a Dios, pero comprendiendo que esto se puede lograr únicamente a través del Nombre que nos permite pararnos frente al trono celestial, el nombre de JESUCRISTO (hebreos 10:19-23) y con la ayuda de aquel que conecta nuestro espíritu con el Padre, este es el Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad (Juan 14:16-18).
La adoración en tu vida debe comenzar a desenfocar tus crisis, tu dolor, tus problemas, tus formas, tu música, tu iglesia, debe desenfocarse del “yo” y comenzar a ser una adoración enfocada en aquel que está sentado en el trono (Apocalipsis 4:9)., comprendiendo que es a través de Cristo puedes estar parado frente a ese trono, siendo ayudado por el Espíritu Santo.

A.W. Pink decía lo siguiente:

“Los hombres permitirán que Dios esté en todas partes, menos en su trono. Le permitirán formar mundos y hacer estrellas, dispensar favores, conceder dones, sostener la tierra. Pero es a Dios en su Trono que nosotros queremos adorar. Es en Dios, en su Trono en quien confiamos”.

Debemos adorar a Dios por todo lo que Él es y porque la adoración beneficia nuestras vidas, al hacerlo respondemos a la pregunta existencial sobre nuestro propósito fundamental como seres humanos e hijos de Dios (Efesios 1:12). Cada vez que pienses en adoración a Dios, piénsala como está descrita en el libro de Apocalipsis:

Apocalipsis 4: 8b-11

“Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”

Sólo con esta imagen del cielo en nuestras mentes, enfocados en lo de arriba, podremos adorar a Dios como el ha dispuesto ser adorado, no como a nosotros nos parece que debemos hacerlo.

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